viernes, 9 de diciembre de 2016

LA GUERRA CONTRA EL DINERO EN EFECTIVO

Sugerimos que cuando lea una nota de este blog (sea subida de otro sitio o escrita por nosotros) ponga en práctica el consejo de San Pablo dado a los tesalonicenses que presentamos a continuación: 1Tesalonicenses 5:21 Antes bien, examinadlo todo cuidadosamente , retened lo bueno; 5:22 absteneos de toda forma de mal. 

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The Long+Short


Bancos, gobiernos, compañías de tarjetas bancarias y predicadores de la tecnología financiera quieren hacernos creer que el futuro sin dinero en efectivo es inevitablemente bueno. Pero esta utopía no carece de fricciones. Brett Scott relata por qué hay que luchar contra esto.



Hace unos meses me quedé en un hotel poco convencional en Ámsterdam que fabricaba su propia cerveza y que no aceptaba dinero en metálico. En lugar de aceptar dinero líquido me obligaron a usar mi tarjeta Visa, para que mi banco en el Reino Unido transfiriera 4 euros a su banco holandés, a través del complicado sistema de Corresponsalía Bancaria.

Estaba allí para apoyar la campaña de libertades civiles de Ben Hayes. El personal del hotel pensó que estábamos muy irritados por la política anti-cash y por las tasas internacionales que tendríamos que pagar, pero no era eso. Nuestra preocupación era más intuitiva. Lo que nos preocupaba era la imagen de un futuro donde tendríamos que rendir cuentas al banco sobre cualquier movimiento bancario que hiciéramos y el efecto que esto podría tener sobre las personas que no están insertadas en el sistema.


 
 
“Una sociedad sin efectivo” es un eufemismo para referirse a “una sociedad pídele-a-tu-banco-permiso-para-pagar”. En lugar de que exista un intercambio directo entre mi banco y yo, el intercambio toma la forma de un “que tu gente hable con mi gente”.

Varios intermediarios hablan para realizar un intercambio entre nuestros respectivos bancos. Quizás sería un opción conveniente en algunos casos, pero en una sociedad sin efectivo dejaría de ser una opción. No tendríamos ninguna elección posible aparte de conformarnos con la burocracia de los autómatas intermediarios, dándoles muchísima información y muchos datos sobre la microtextura de nuestra vida económica.

Nuestras preocupaciones, sin embargo, no están de moda. Sin ninguna declaración explícita, la Guerra al Efectivo ha empezado. Los partidarios de los sistemas de pago digital, apoyados por la tecnología, proclaman la inminente Muerte del Efectivo. Suecia es el líder en conseguir este estado, pero Reino Unido también va en camino. Los autobuses de Londres dejaron de aceptar dinero en efectivo en el año 2014, pero aceptan las tarjetas contactless (sin contacto) MasterCard y Visa.

Cada transacción en efectivo que hacemos es una transacción donde los intermediarios como Visa no ganan nada. Este es el motivo por el que tiene un interés especial en hacer que el cash parezca superfluo y criminal. En 2016, Visa Europa lanzó su campaña “Sin efectivo y Orgullosos”, para informar a los propietarios de tarjetas que “puede hacer un pago con su tarjeta Visa contactless con tranquilidad y sentirse liberados de la necesidad de llevar dinero”.

La nota de prensa de la compañía afirmaba que la campaña “era el último paso de Visa Reino Unido en su estrategia a largo plazo de convertir el dinero en “innecesario” para el año 2020”.

Ahí está. Esta es su estrategia para hacernos sentir extraños con el dinero en efectivo. La propaganda es una de las armas claves en la guerra, y todos los bandos se presentan a sí mismos como libertadores. Visa se establece como un salvador paternalista que nos asegura – como si fuéramos un bebé dando los primeros pasos- que nos sentiremos satisfechos liberándonos a nosotros mismos los límites que impone la dependencia del efectivo. La tecnología Visa nos proporciona libertad sin dependencias o peligros.




A Visa se le han unido otros propagandistas. En 2014 Penny for London se hizo presente. Un grupo aparentemente altruista se estableció gracias al Fondo del Alcalde de Londres y Barclaycard, usando una fundación como gancho para que la gente se cambiara a las tarjetas contactless en el metro de Londres. PayPal llenó ciudades con vallas anunciando que “el nuevo dinero no necesita carteras”, junto con un vídeo que proclamaba: “el nuevo dinero no es papel, es progreso”. Las campañas de manipulación como “No Cash Day” están apoyadas por American Express, y señalan que en la guerra anti-cash el importante impacto ambiental de los billetes.

Otras tácticas incluyen señalar que los criminales usan efectivo, que fomenta la economía gris, que es poco seguro y que facilita la evasión de impuestos.

Estos argumentos tienen notables limitaciones. Los criminales utilizan muchas cosas que la sociedad mantiene – como los coches - y el combate del crimen no las toma como prioridad. La “economía gris” es un término despectivo utilizado por las élites para describir las actividades económicas de las personas que ni preocupan a estas élites. En relación con la seguridad, que nos roben la cartera es un mal menor en comparación a tener nuestros ahorros anulados en una cuenta digital. Respecto de la justicia fiscal, mejor empezamos a auditar la evasión fiscal masiva de las grandes corporaciones facilitadas por el sector bancario formal.

El rasgo peculiar de esta guerra es, sin embargo, que sólo un lado está luchando. Muy pocos grandes medios defienden el dinero en efectivo. Se da por sentado que el dinero digital es una utilidad pública, mientras que las plataformas de pago digital están dirigidas por compañías privadas con el interés de inundar los medios con sus mensajes clave. Cuando luchan en esta guerra, su objetivo son nuestras creencias culturales sobre el efectivo, y la creencia de que su suministro debería ser un derecho público.

El gobierno del Reino Unido no se plantea defender ese derecho, y está en connivencia con la industria de los pagos digitales. Su posición está apoyada por el economista Kenneth Rogoff en su nuevo libro “La Maldición del Efectivo”. El autor argumenta que, aparte de facilitar el crimen y la evasión fiscal, el efectivo dificulta a los bancos centrales el establecer tasas de interés negativo. Sin efectivo, todo el mundo estaría obligado a mantener su dinero en forma de depósitos bancarios digitales. Esto implicaría que durante las recesiones los bancos centrales podrían usar el sistema bancario para capturar los depósitos de sus clientes utilizando cargos negativos, inspirándoles a gastar en lugar de ahorrar.

El consenso emergente entre las élites políticas y económicas es que ésta es la dirección a seguir, pero para conseguir esto es necesario una erosión de la resistencia civil gota a gota. Los corazones y las mentes de la gente deben ser imbuidos del concepto de que este cambio representa un progreso inevitable y deseable.

Cualquiera que defienda el dinero en efectivo en este contexto será tachado de anti-progresista, de reaccionario o de ludita nostálgico. 

Pero no es por este motivo por el que debemos defender el efectivo. Tenemos que poner las fuerzas en señalar que la Muerte del Efectivo significa el Surgimiento de Otra Cosa. Lo que está encima de la mesa es una batalla más amplia sobre mantener o no alternativas al panóptico digital que está emergiendo a nuestro alrededor.

Para entender este conflicto, tenemos que ir hacia atrás en el tiempo. Una transacción monetaria implica que hay bienes y servicios que están siendo intercambiados por fichas que dan un acceso general a bienes y servicios de otras personas. El dueño del bar me da cerveza por la noche si le doy estas fichas que le permiten obtener cigarros en el estanco por la mañana.

Hay dos formas de implementar esta idea.

La primera es dar fichas de una manera física. En este escenario, “hacerse rico” significa acumular esas fichas físicas y “hacer un pago” significa entregárselas a alguien. Esto es el dinero entendido como depósito de valor, lo que significa que ninguna persona guarda un registro de quién lo posee.

Sin embargo, quien lo tiene, lo posee. Esto sería una cartera llena de billetes. Esto es el dinero en efectivo.

Por otro lado, existen los libros de contabilidad. Alguien establece una base de datos con líneas asignadas a personas diferentes. Este libro se utiliza para llevar un registro de quién tiene fichas.

Estas fichas no tienen una forma física y adquieren vida cuando se anotan. Son “datos corpóreos”, y se intercambian cuando se cambia el registro. El contable lleva una contabilidad de qué dinero es atribuido a cierta persona, llevando el registro de cada línea asignada. En este sistema “hacerse rico” significa acumular un registro alto en la cuenta. “hacer un pago” implica que el contable identifique a una persona en el libro mediante sistemas de comunicación y pedirle al contable que edite la línea contable del que paga y del que cobra.

¿Te suena familiar? Esta es tu cuenta del banco.




Los antiguos bancos utilizaban los libros contables para llevar la contabilidad, pero los bancos modernos utilizan bases de datos digitales alojadas en enormes centros de datos. 

Se interactúa con ellos a través del portal de internet del banco, la aplicación del móvil o yendo a la sucursal. Este procedimiento no es una cuestión menor en el sistema monetario. En torno al 90% del dinero del Reino Unido no existe físicamente, sino que son apuntes contables en bases de datos bancarias.

Sobre esta estructura subyacente, las compañías de pago con tarjeta como Visa, construyen sus operaciones. Manejan situaciones donde una persona con una cuenta bancaria va a una tienda donde la tendera tiene una cuenta bancaria. En lugar de que el dueño del bar me dé sus datos de cuenta bancaria para una transferencia manual, mi tarjeta manda mensajes a través de la red Visa para que automáticamente, se cambien los registros contables en nuestras respectivas cuentas.

Muchas startups fintech – tecnología financiera- están especializadas en encontrar maneras para mejorar, gamificar u optimizar los elementos de esta estructura subyacente. Por eso, ahora podemos usar un lector de huella dactilar para autorizar cambios en la base de datos del banco. Mucha de la “disrupción” fintech simplemente implica poner capas más ligeras al viejo emperador.

El uso de sistemas de comunicación de alta velocidad para ajustar información de código binario sobre quién tiene qué dinero puede que sea nuevo, pero el dinero contable, es tan viejo como el concepto de depósito de valor. Las piedras Rai de la isla de Yap eran tan enormes y tan imposibles de mover que, a pesar de parecer fichas físicas, eran una forma de depósito de valor. En lugar de ser movidas físicamente – como el dinero en efectivo – se mantenía un registro en la cabeza de la gente, acumulado en la memoria colectiva.

Si la persona propietaria quería transferir la piedra a otra persona, editaban el libro contable simplemente informando a la comunidad. ¿Por qué mover la piedra física si simplemente se lo puedes decir a todo el mundo y que recuerden que la piedra “se ha movido” a otra persona? La principal razón por la que nos es difícil reconocer esta forma de registro colectivo como una forma de ausencia de efectivo, es que el libro contable es invisible e informal.

Sin embargo, una sociedad sin efectivo, se nos presenta como un progreso futurístico, en lugar de como una historia pasada. 

Algo que está de moda para los futuristas, emprendedores y los gurús de la innovación. A pesar de que sí se pueden identificar tendencias reales en los comportamientos y gustos sociales, también hay tendencias en el comportamiento y gustos entre los cazadores de tendencias.

A estas personas se les paga por fichar cambios y por lo tanto reciben incentivos por dar bombo a cambios menores para que parezcan el final de la historia, nuevos yacimientos o revoluciones. Las comunidades innovadoras están siempre en peligro de perder su idiosincrasia haciéndose eco de las palabras de moda, convirtiendo las especulaciones de otros en certezas concretas. Estas fábricas de predicciones siempre producen las mismas frases: “en el futuro tendremos…” y “en el futuro no tendremos…”, por tanto en el futuro todos tendremos pagos digitales y en el futuro no tendremos efectivo.

Esta es la utopía presentada por la creciente industria de los pagos digitales, que espera convertir en profecía el perpetuo espejismo de la sociedad sin efectivo. De hecho, un truco clave para promover sus intereses es hablar de ellos como si fueran obvios e inevitables en su ejecución, lo que hace al resto sentirse idiotas por no reconocer el aparentemente inevitable cambio.

Para crear tendencia también es necesario presentar algo que la gente demande. Una frase como “en todo el mundo la gente se está cambiando al pago digital” no se dice para describir lo que la gente necesita. Se dice para decirnos lo que deberíamos querer y para hacernos sentir en sincronización con el resto. Por ejemplo, el fintech Fich Ricci invocando a los millenials con el extraño poder de su moral para definir el futuro. Les repulsa la corporeidad del dinero, y se sienten atraídos con los artilugios fintech. Pero esta gente, no es para nada gente real. Son un arma del arsenal de los departamentos de marketing para hacer sentir prehistórica a los demás. Hacen que no lo están provocando, simplemente respondiendo a las demandas de las nuevas generaciones.




Así que nos tragamos la campaña de Visa sobre el orgullo del Cashfree. Visa se las ingenia para crear esa vergüenza y hacernos creer que lo que queremos, es lo mismo que lo que ellos quieren. Si no lo quieres, simplemente recuerda que es un cambio inevitable, y que si no te vas a quedar atrás.
Pero este Nuevo Sistema va a dejar a muchos atrás. Está programado el incluir sólo a aquellos con acceso a las cuentas bancarias, y las cuentas bancarias están alojadas en corporaciones con ánimo de lucro que operan a esa escala. No tienen tiempo para idiosincrasias individuales. No pueden conseguir beneficios con las personas que no son fácilmente categorizadas y modeladas por una plantilla.

Así que buena suerte si sólo te encuentras a ti mismo en apariciones esporádicas en los libros oficiales del estado, si eres un migrante rural sin una fecha de nacimiento registrada, si no tienes familiares identificables o si no tienes DNI. Lo sentimos si no tienes marcadores de estabilidad, si eres un viajero convencido sin una dirección permanente, si no tienes teléfono o email. Disculpas si no tienes estatus, si te encuentras en la economía informal sin activos o con ingresos inestables. Condolencias si no tienes sellos oficiales de aprobación de los porteros oficiales, como certificados universitarios o registros de empleabilidad en una compañía formal. Adiós si tienes registros negativos de compromiso con instituciones reconocidas, o si estás en un registro criminal o de insolvencia.

Esto no es un problema menor. El Banco Mundial estima que hay dos mil millones de adultos sin cuenta bancaria, y aquellos que la tienen, frecuentemente se apoyan en la flexibilidad informal del efectivo en sus transacciones diarias. Estas personas están marcadas por ser incompatibles en el espacio de las instituciones formales. Son poco beneficiosos para que los bancos justifiquen el gasto de abrirles una cuenta bancaria. Esta es la economía gris, invisible para el sistema.

La economía gris no es sólo para la gente “pobre”. Somos cualquiera que no hayamos interiorizado la narrativa formal del estado-corporación de normalidad, y cualquiera que busque un estilo de vida fuera de la sociedad mainstream. El futuro presentado por los gurús de la innovación auto-creada no tiene sentido para la gente flexible, impredecible o invisible, ya que son los representantes el atraso. El futuro es un mundo de opciones de consumo interminables construido sobre una uniformidad digital inevitable de reglas automatizadas, un matrix donde no puedes existir ni pensar.

Volviendo a Ámsterdam, me vi con Ancilla van de Leest del Partido Pirata holandés. Ancilla sólo va a locales que aceptan cash, fiel a su creencia política de la privacidad individual frente a los ojos cotillas del estado-corporación.

Sería incorrecto asumir, sin embargo, que la principal preocupación de Ancilla es la vigilancia al estilo Gran Hermano. Es cierto que nuestros patrones de consumo rebelan mucho sobre cómo vivimos nuestro día a día.

Las implicaciones sobre la privacidad de tener estos registros en una base de datos tan sólo están empezando a revelarse.

Sabemos que la vigilancia de los pagos individuales ocurren por el interés del FBI y NSA (Agencia de Seguridad Nacional), pero la rutina de la vigilancia masiva podrían convertirse en norma. Imaginemos sistemas automáticos que se accionan por cualquiera que se vea envuelto en una serie de transacciones consideradas subversivas. Las autoridades estatales están obligadas a crear sistemas que revelen discrepancias entre tus patrones de gasto y tus beneficios declarados.




En las reuniones de los fintech en Londres, las excitantes visiones de una sociedad sin efectivo ahora vienen acompañadas de la alerta de que deberíamos pensar en el poder que les estamos dando a aquellos que controlan el sistema. No sólo los intermediarios de pagos pueden ver cada vez que pagas por el acceso a una web porno, sino que tienen la capacidad de censurar tus transacciones, como en el caso en el que Visa, PayPal o MasterCard trataron de ahogar WikiLeaks rechazando procesar las donaciones de la gente.

Podríamos imaginar escenarios aberrantes de ciencia ficción donde un régimen teocrático escribe decretos para que los procesadores de pagos bloqueen cualquiera que trate de comprar un libro considerado sexualmente subversivo. Dichos decretos podrían ser puestos en funcionamiento mediante un código, con subprogramas que activen cierres de seguridad inteligentes para mantener a los malhechores bajo arresto domiciliario mientras les cobran una multa de manera automática en su cuenta bancaria.

Estas distopías automatizadas deberían ser evitadas. Así que una pequeña dosis de paranoia sobre los pagos digitales es un impulso sano, aunque sea injustificado.

Pero este no es exactamente el punto. Lo que es más importante para Ancilla y para mi es la amenazante sensación de un observador externo que nos “asiste”, “guía” o “ayuda” en la vida, siguiendo o registrando nuestros movimientos para influir sobre nosotros. El observador no es una sola entidad. Es un conjunto colectivo que se construye por fases incrementales a través de startups y compañías alrededor del mundo mientras nosotros nos tomamos un café. Lo sentimos infiltrándose cada vez más profundamente en nuestras vidas. Una malla de aparatos conectados, cookies y sensores. Si lo concebimos como un padre benevolente o como los ojos amenazantes de un tirano, no importa.

El hecho es que esos ojos tienen la capacidad potencial de vigilarnos, todo el tiempo.

La proclamada Muerte del Efectivo es un episodio de un drama más amplio, que es el drama de la Privacidad, la muerte de tener un espacio para respirar, la muerte de la posibilidad de comportarnos sin ser medidos o auditados. Cada acción que lleves a cabo será vinculada para siempre a tu personaje digital, acompañado por un rastro de datos extensible hasta el día de tu nacimiento.

Nos enfrentamos a una generación completa de personas que no saben lo que es no estar vigilada.

Para muchos economistas, la Guerra del Efectivo será resuelta por su dios favorito: el mercado. Esta fuerza prevalece cuando la maximización de la utilidad de los productores y consumidores se organizan alrededor de elecciones racionales basadas en la perfección de la información que tienen sobre sus opciones, y con la total libertad de elegir si pueden, o no pueden llevar a cabo esas opciones. Si las transacciones de los pagos digitales reducen los precios, entonces el efectivo morirá.
El reino prístino de la teoría del mercado es inadecuada para valorar las dinámicas de esta situación. Nuestra percepción de qué constituye una opción legítima no se genera en un espacio vacío. Nacemos en estructuras sociales de poder que nos indican qué es la normalidad, y nos señala si no elegimos “correctamente”.




Probablemente seas un rebelde que desafía las normas culturales vigentes, pero esas normas están creadas por aquellos que detentan el poder financiero y mediático. En este momento, el soporte de la propaganda que ensalza las ventajas a corto plazo de los pagos digitales está disolviendo nuestros impulsos críticos y reconformando nuestro ADN cultural. ¿Quién está pensando en las implicaciones a largo plazo acerca de construir nuestras vidas en torno a estos sistemas, y encerrarnos en una dependencia directa de los mismos?.

Al contrario que una batalla que utiliza la violencia, la hegemonía es el ejercicio de poder que lleva a la gente a creer en ello, a verlo como inevitable, irrefutable y normal. El plan de Visa de cuatro años es uno de esos ejercicios, y una vez que lo hayamos internalizado, elegiremos ayudarles a construir su poder. Nos sentiremos extrañamente tranquilos viendo al Alcalde de Londres llevando la publicidad de MasterCard, descargaremos el ApplePay como un niño aturdido aceptando un regalo.

Preparémonos para la Guerra del Efectivo. 

Recordemos que esto no va de una nostalgia romántica de los billetes de 10 con la cara de la reina. Esto va de mantener alternativas ante la asfixiante higiene del panóptico digital construido para servir a las necesidades de los comerciantes burócratas que maximizan el beneficio, reducen costes, monitorean a los clientes, controlan y predicen nuestros comportamientos.

Los alemanes están en ello, junto con los criminales, los mendigos, las personas que se ganan la vida en la calle y el ejército de gente cuyas vidas nunca serán valoradas con cinco estrellas por el sistema de reputación mainstream.

Tenemos que crear alianzas con los proveedores de los sistemas monetarios no bancarios, y sí, debemos mantener la opción de poder pagar con tarjeta. Porque la lucha está precisamente en eso: en las opciones.




Fuente original: http://thelongandshort.org/society/war-on-cash

Fuente: http://www.elsalmoncontracorriente.es/?La-guerra-contra-el-dinero-en



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¿Está usted afirmado sobre la Roca de la Salvación? Jesucristo: Dios con nosotros, quien vino a morir por nuestros pecados y nuestra maldad; quien resucitó al tercer día y vuelve en breve según su inquebrantable promesa. Isaías 55:6 Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.Isa 55:7 Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

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