jueves, 13 de agosto de 2015

Implicaciones Geopolíticas de la Relación entre China y Rusia para el Mundo

Sugerimos que cuando lea una nota de este blog (sea subida de otro sitio o escrita por nosotros) ponga en práctica el consejo de San Pablo dado a los tesalonicenses que presentamos a continuación: 1Tesalonicenses 5:21 Antes bien, examinadlo todo cuidadosamente , retened lo bueno; 5:22 absteneos de toda forma de mal. 

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Carnegie


La ruptura entre Rusia y Occidente derivada de la crisis de Ucrania en 2014 y la presión política y económica de los Estados Unidos y sus aliados ha generado amplias implicaciones geopolíticas, siendo la más notable el acercamiento ruso a China. En esta serie de tres artículos analizaremos las consecuencias geopolíticas del acercamiento entre Rusia y China, las motivaciones de ambos países y el escenario internacional que esta nueva alianza puede forjar en el futuro.




La crisis de Ucrania ha desplazado el eje geopolítico de Eurasia. Así Rusia, que durante el cuarto de siglo anterior había tratado de acercarse al Oeste e integrarse como país de pleno derecho dentro de Europa, ha vuelto a sus orígenes como potencia euroasiática en la frontera del Este con el Oeste. Pero esta vez, mirando a China.

Este acercamiento entre rusos y chinos es percibido por los occidentales con más curiosidad que preocupación y no pocos abogan por que Rusia se arrepentirá y volverá a sus raíces europeas más pronto que tarde. La actual situación económica y financiera de Rusia son argumentos recurrentes que enmascaran la importancia del viraje ruso.

Es verdad que las sanciones occidentales están reduciendo el acceso de las compañías rusas a tecnología, inversión y crédito occidental y que la desastrosa caída en el precio del petróleo se ha hecho patente en la economía y moneda rusa pero estas circunstancias no pueden hacernos perder la perspectiva de lo que está ocurriendo y las implicaciones geopolíticas que se derivan.

La confrontación entre Rusia y los Estados Unidos y la posterior ruptura con Europa han colocado las relaciones entre China y Rusia un contexto estratégico totalmente diferente. En los próximos años, estas relaciones serán propensas a ir estrechándose, tendiendo hacia una cuasi-alianza y cuasi-integración, con Pekín como el más poderoso miembro de la relación.

Esta evolución, a su vez, dará lugar a una Eurasia más estrechamente relacionada entre sí que en cualquier momento en la historia moderna -con la excepción de la breve alianza chino-soviética en la década de 1950-. Gran parte de Asia continental evolucionará hacía una especie de proceso de integración económica y alineamiento político, y se convertirá en la contraparte a la Unión Europea (UE), con un espacio económico que irá desde San Petersburgo a Shanghai.

La crisis de Ucrania no ha hecho más que acelerar una política puesta en marcha por el presidente ruso, Vladimir Putin. En su discurso anual ante el Parlamento ruso en 2013 anunció que el este de Siberia y el Lejano Oriente serían consideradas como áreas de desarrollo estratégico para el vigente siglo. Estas regiones están poco pobladas y económicamente deprimidas, a pesar de los ricos recursos naturales que atesoran.

Esta declaración de intenciones era coherente con la política exterior rusa, que tradicionalmente ha buscado el equilibrio de las relaciones con todos los actores clave del mundo, empezando por los Estados Unidos, China y Europa. Así que el acercamiento anunciado a la región de Asia y el Pacífico estaban encaminadas a sumar y no restar, la dimensión euroatlántica de la política exterior de Rusia. Y, de hecho, los esfuerzos realizados hasta entonces, para encontrar ese equilibrio en las relaciones, con potencias como China, India y Japón, tuvieron un éxito notable.

Relaciones Rusia-UE antes de la crisis de Ucrania

En 2013, la UE representaba alrededor del 50% del comercio exterior de Rusia -unos 326.000 millones de euros-. El 30% de las necesidades energéticas europeas eran satisfechas desde Rusia. Alemania mantenía unas prósperas relaciones económicas con Rusia, con unas 6.000 empresas operando en el país. De no haberse roto las relaciones y de haber persistido el vínculo económico y político entre Rusia y Alemania -y por extensión al resto de la Unión Europea-, se podría haber formado un eje que Putin denominó como la “Gran Europa”, un espacio económico, cultural y de seguridad que abarcara desde Lisboa hasta Vladivostok.  

En este escenario imaginario, los recursos naturales rusos habrían sido destinados a las industrias y tecnologías europeas, además de proporcionar un canal geopolítico y estratégico en Asia y el Pacífico para sus socios europeos. Sin embargo, esta idea despertó más interés en ámbitos empresariales alemanes que en los círculos políticos europeos y medios de comunicación, imbuidos en un total escepticismo. Y por si fuera poco, los Estados Unidos que históricamente no han visto con buenos ojos cualquier acercamiento entre Berlín y Moscú también se posicionaron en contra.

Rusia y la UE rompen sus relaciones por Ucrania

Con el derribo del avión de Malaysia Airlines en julio de 2014, se rompió definitivamente las relaciones ruso alemanas. Alemania pasó de ser un sumiso seguidor de los EE.UU, en sus denuncias contra Rusia, a convertirse en un crítico persistente e implacable de los comportamientos rusos, hasta el punto de ser señalado por algunos como un mero protectorado de EE.UU. constituido por acuerdos secretos de la pos-guerra.

Desde 1989, cuando el líder soviético Mijaíl Gorbachov propuso la idea de una “casa común europea”, permitiendo la reunificación de Alemania, Rusia se estaba moviendo hacia una forma de asociación libre con Europa occidental, vía Alemania pero 2014 terminó ese movimiento de forma abrupta.

Y en este contexto de crisis ucraniana es cuando entra en el escenario y se hace patente la nueva relación entre rusos y chinos. El gobierno del presidente estadounidense, Barack Obama originalmente esperaba que China condenaría la anexión rusa de Crimea y su interferencia en el este de Ucrania. Washington esgrimía como argumentos el apoyo a los principios de la integridad territorial de los Estados y la no injerencia en sus asuntos internos, para convencer a la opinión pública mundial.

Sin embargo, Pekín se alineó con la política rusa en Crimea y se negó a condenar públicamente las acciones acometidas por Rusia en beneficio de sus intereses nacionales. En el voto de la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), en marzo de 2014, los chinos no secundaron ninguna condena a Moscú. Para entonces, el enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia pivotaban las relaciones internacionales y había que adoptar una decisión importante y cuidadosamente pensada. Y Pekín se alineó con Moscú.

Las buenas relaciones personales de los presidentes Xi Jinping y Vladimir Putin

También hay que destacar una circunstancia importante en este sentido. Existe una clara afinidad personal entre los presidentes Xi Jinping y Vladimir Putin. Un hecho que no tuvo lugar con los antecesores del chino en el cargo, Jiang Zemin y Hu Jintao. Y por primera vez desde el ex presidente Deng Xiaoping, China tiene un nuevo líder supremo que puede actuar más como presidente de un Estado soberano que como presidente de la comisión del partido. Además, el regreso de Vladimir Putin al Kremlin en 2012 –tras el interludio de 4 años de Medvedev- y la consolidación de Xi Jinping añaden nuevos elementos estructurales y de confianza personal en las sinergias entre China y Rusia, fortaleciéndose. Ambos mandatarios esperan mantenerse en el poder hasta la década de 2020, dando así a la relación establecida una “estabilidad en los mandos”, como diría un diplomático.

Rusos y chinos esperan que Estados Unidos siga siendo la nación más poderosa del mundo durante varias décadas más pero también ven que su dominio sobre el resto del mundo pierde fuerza rápidamente. Tanto Moscú como Pekín observan que el mundo pasa, por un cambio de época, -alejándose la dominación de Estados Unidos- y se encamina hacia un orden global más libre que, de materializarse, otorgaría un mayor protagonismo a ambos países. Y este cambio se acelera. Según un pensador ruso especialista en política exterior “los últimos doce años, desde la toma de Bagdad por los EE.UU. en 2003, han sido testigos del debilitamiento más rápido de la potencia hegemónica en toda la historia”.

Además, ambas naciones comparten cada vez más los elementos de una visión del mundo común. A la importancia de mantener unos estados fuertes, que gocen de plena libertad de acción a nivel internacional, también consideran primordial la supervivencia de los regímenes políticos existentes en ambos países. Tanto el Kremlin -como centro neurálgico del poder en Rusia-, y Zhongnanhai -sede oficial del gobierno y del partido comunista chino- ven en las sistemáticas campañas occidentales en favor de la democratización y los derechos humanos –dentro de sus fronteras-, como instrumentos de política exterior de los Estados Unidos encaminadas a desestabilizarles. Los líderes rusos y chinos comparten críticas a los gobiernos occidentales y denuncian lo que consideran una cobertura mediática occidental sesgada.  

También denuncian la financiación extranjera de organizaciones no gubernamentales y el uso de técnicas de movilización en redes sociales para fomentar la inestabilidad. En 2011-2012, Vladimir Putin, culpó a las asociaciones cívicas, patrocinadas por EE.UU., de las protestas callejeras experimentadas en Moscú. En 2014, Pekín vio una mano extranjera detrás del movimiento de protesta en Hong Kong.

Las debilidades de la relación ruso-china

Si los intereses rusos y chinos tienen muchos puntos en común, también habría que señalar las posibles causas que podrían afectar negativamente esta incipiente relación. Y el mantenimiento de la relación de igualdad es esencial en la relación entre los socios… pero no será fácil. Algunos comentaristas chinos ya se refieren a Moscú como socio menor de Pekín y recuerdan que la propia Rusia era parte del imperio mongol en el periodo historico que abarca desde el siglo XIII al siglo XV. Y académicos chinos influyentes hablan de una nueva bipolaridad mundial que se construirá alrededor de las dos superpotencias del siglo XXI, los Estados Unidos y China.

Rusia, por su parte, no contempla la posibilidad de convertirse en un socio menor de cualquier estado, y eso incluye a China. Con Putin al frente, Rusia insiste en que no acepta órdenes de nadie y que es un estado soberano. Y un país que mantiene el pulso a los Estados Unidos, en un intento de hacer valer sus intereses, puede hacerlo de nuevo en el futuro frente a otra superpotencia.

Para Moscú, Pekín representa igualdad, consultas, y confianza, sin jerarquía en la relación. Y mantener este status quo debería continuar en el futuro por mucha diferencia que existiera entre ambos países. Y así parece entenderlo actualmente, Xi Jinping. En el pasado reciente, la desafortunada experiencia entre el del líder soviético Nikita Khrushchev con el entonces presidente Mao Zedong, en la década de 1950, desembocaron en una ruptura de relaciones. Entonces, a pesar de la debilidad china y su enorme dependencia de la Unión Soviética, la China de Mao insistió en ser tratada de igual a igual por Moscú. El rechazo de los soviéticos llevó a la ruptura de las relaciones chino-soviética y al inicio de décadas de amarga enemistad.

Otro potencial riesgo de confrontación estaría en las cuestiones fronterizas entre ambos países. El acuerdo alcanzado, durante el segundo mandato presidencial de Putin, tiene que seguir siendo sacrosanto. Y no parece que puedan surgir problemas.  

El sentimiento chino de que las fronteras fijadas en la actualidad –asentadas entre 1858 y 1860- no son justas, se ahoga ante el pragmatismo que refleja la frase acuñada al respecto, “los chinos no son tan estúpidos como para exigir esos territorios”.

Los países occidentales no creen mucho en esta nueva relación y no auguran un futuro estable. Sin embargo, no deberían mostrarse tan escépticos. En los próximos artículos analizaremos las motivaciones de rusos y chinos para este acercamiento y las consecuencias geopolíticas derivadas.

En medio del constante enfrentamiento entre Rusia y Occidente sobre Ucrania, China ha optado por permanecer del lado de Rusia, aun cuando formalmente sigue enarbolando la neutralidad en su comportamiento. China, por tradición histórica y conveniencia geopolítica, no aprueba el secesionismo, las anexiones, o las intervenciones militares extranjeras, a menos que, por supuesto, tengan que ser protagonizadas por ellos.

Además, en la crisis de Ucrania es muy probable que Moscú actuara de forma unilateral, sin consultar a Pekín sus intenciones. Una vez consumada la anexión, China ha reformulado su posición en términos exclusivos de los intereses nacionales propios. En el caso de Crimea, los líderes chinos no pasaron por alto el devenir de los acontecimientos acontecidos en Kiev, capital de Ucrania, que tuvieron como consecuencia la reacción de Moscú.

Para ellos, una revolución de colores –con apoyo occidental- como la sucedida en la plaza de Maidán, era una amenaza a la estabilidad, que podría llegar a afectar a los propios intereses chinos. Y no pocos funcionarios chinos destacaron, con cierta admiración, la determinación de Putin en solucionar de forma rápida y eficaz la cuestión de Crimea. Una conducta que incluso podrían emular en el futuro en vista de los resultados.

Además, ante la remota posibilidad de que el pragmatismo se impusiera en las relaciones entre Rusia y Estados Unidos y pudieran reestablecer relaciones bilaterales, a causa del conflicto, los chinos se quedarían sin pareja de baile. Así que China optó por secundar las políticas rusas y propiciar un acercamiento significativo. Además, en tales circunstancias, con apenas otras opciones internacionales para Rusia, el encuentro de ambos países partiría con unas condiciones más favorables del lado chino que del ruso.

Además, Pekín también interpreta la presión de Washington sobre Moscú no es sólo un intento de romper la voluntad de Rusia para imponer las reglas estadounidenses, sino también una advertencia a otros competidores no occidentales –China- de lo que puede ocurrir en el futuro. El triunfo occidental sobre Rusia, en la crisis de Ucrania, podría servir de medio para disuadir a China de aventuras similares frente al orden establecido. China quiere que sus relaciones con Estados Unidos, queden sujetas a “un nuevo tipo de relación entre grandes potencias”, como ha señalado el presidente de China, Xi Jinping. Pekín quiere, a través de un largo período de estrecha cooperación y competencia pacífica con Washington, lograr un trato de igual a igual. Pero mientras tanto, China está resultado ser la mayor beneficiaria del conflicto entre Rusia y Occidente.

Por parte rusa, Pekín ha significado una fuente de dinero, inversiones, e incluso algunos proyectos tecnológicos. En diciembre de 2014, cuando el rublo cayó fuertemente frente al resto de las principales divisas, el Ministerio de Finanzas de China prometió ayudar a Rusia, todo lo que fuera necesario. Con las sanciones de Occidente, China queda como la economía más grande fuera de la coalición anti-rusa. Además, desde el año 2009, China ha sido el principal socio comercial de Rusia, con un comercio bilateral de casi 100.000 millones de dólares.

Tres meses después del inicio de la crisis de Ucrania en mayo de 2014, Gazprom firmó un acuerdo estimado en $ 400 millones de dólares para suministrar gas natural a China por un periodo cercano a los treinta años. Aunque bien es cierto que todavía muchos detalles del acuerdo permanecen fuera del escrutinio público y existen dudas sobre su aplicación también lo es que el acuerdo constituye un punto de inflexión histórico en la geopolítica de la energía de Rusia.  

La apertura de gas a China sólo puede ser comparada con la apertura de Moscú a Europa Occidental a finales de 1960. Para los detractores del acuerdo, es prácticamente seguro que Gazprom tuvo que conformarse con un precio más bajo para su gas de lo esperado, pero por fortuna para los rusos el acuerdo llegó antes de que el precio del petróleo –al que está ligado el precio del gas- se derrumbara.

Una Gran Asia de Shanghai a San Petersburgo

Los acuerdos entre Moscú y Pekín avanzan cada día más, en distintas áreas clave. En el campo de la energía ya hemos mencionado el acuerdo de gas firmado con Gazprom–que hasta la fecha exportaba casi exclusivamente ese gas a Europa- pero existen otros que han convertido a los chinos en consumidores del petróleo ruso. Empresas chinas están invirtiendo en los hidrocarburos rusos. El hueco que dejaron tras las sanciones las petroleras BP y ExxonMobil lo están ocupando empresas chinas, que se hacen cargo de un negocio –de la mano de la Petrolera rusa Rosneft- hasta entonces reservado a empresas occidentales.

China también se está moviendo muy activamente en el desarrollo de infraestructura en Rusia. Enlaces ferroviarios de alta velocidad que con el tiempo se van a conectarán Moscú con China a través de Kazajstán; puertos modernos en la costa rusa del Pacífico, como Zarubino en Primorsky Krai; o el desarrollo de una vía de entrada a Europa a través del Ártico. Unos proyectos que desarrollarán las conexiones de los países de Euroasia con la inclusión de Mongolia y los países de Asia Central.

En el campo de las finanzas, también se están profundizando las relaciones. Las empresas rusas ahora tienen más facilidad de encontrar financiación en China, y a nivel estatal, las autoridades chinas han expresado su disposición a conceder préstamos a Rusia. Una medida generosa que además implica la internacionalización del yuan, uno de los máximos objetivos chinos en la actualidad. Ambos países ya utilizan sus respectivas monedas nacionales –obviando al dólar estadounidense- en su comercio bilateral y bien podría el yuan convertirse en moneda de reserva regional en toda Eurasia. De suceder así, Rusia tendría que reconocer el liderazgo financiero de China.

Una carretera, un cinturón – Silk Road Economic Belt
La Ruta de la Seda liderada por China y la Unión Económica Euroasiática promovida por Rusia deberían acabar convergiendo. Pero a cambio, China querrá disponer de tecnología militar avanzada de Rusia, en áreas tales como misiles y avances aéreos y navales. Hasta ahora, Moscú ha sido cauteloso en compartir sus tecnologías más avanzadas con Pekín, temerosos de que pudieran volver las desconfianzas entre los dos países. Y además para tampoco molestar a otros poderes como la India e incluso Japón. Sin embargo, en la situación actual, sí que parece que Rusia podría bajar el listón de las exportaciones de tecnología de defensa a China.

Desde 2005, China y Rusia han mantenido regularmente ejercicios militares conjuntos. Como resultado, ya han logrado un modesto grado de compatibilidad e interoperabilidad entre sus fuerzas, y solo pueden mejorar. Los ejercicios se han llevado a cabo dentro y fuera de la costa del este de China, en el centro de Rusia y en Asia Central. Para este año, la Armada de Rusia y la Armada de Liberación del Ejército Popular tienen previsto celebrar sus maniobras conjuntas en el Mar Mediterráneo. Este salto cualitativo en la geografía de ambos países suena a un claro mensaje de que la alianza militar ruso-china puede reforzarse y formalizarse en el futuro.

Por último, señalar que China y Rusia trabajan de forma conjunta para potenciar aún más las instituciones internacionales no occidentales como la Organización de Cooperación de Shanghai (SCO), -a la que recientemente se ha sumado la India- , el grupo BRICS (integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que a principios de próximo año inaugurarán un banco de desarrollo propio además del Asian Infrastructure Investment Bank – AIIB, de liderazgo chino.

En otro sentido, Rusia y China son cada vez más propensos a proporcionar una respuesta única a los distintos conflictos mundiales, y hacer frente en bloque a cuestiones tales como el programa nuclear iraní. En el Consejo de Seguridad de la ONU, por ejemplo, los dos países ya han alcanzado ese punto en que los aliados son capaces de armonizar de manera fiable sus posiciones en la mayoría de los asuntos. Así que nada impide que en el futuro, pueden llegar a establecer estrategias e iniciativas conjuntas en temas como Siria e Irán. Rusia es comprensivo con las ideas de Xi sobre un acuerdo de seguridad regional en Asia que, -según explica el presidente chino, Xi-, debe ser elaborado por asiáticos, de manera implícita y sin la participación de los Estados Unidos.

China refuerza su imagen internacional

Otra consecuencia favorable para China –aunque esta no muy cuantificable- de la crisis de Ucrania ha sido la forma en que la opinión pública ha percibido al gigante asiático. En la cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico, celebrada en Pekín, en noviembre de 2014, el presidente Xi mantuvo una posición central, como de árbitro, entre Obama y Putin. Para la mayoría de los observadores occidentales, el triángulo de la Guerra Fría constituido por Washington, Moscú y Pekín, parecía una cosa del pasado, y China surgía para situarse en una situación ventajosa respecto a EE.UU por su mejor diplomacia y relaciones con las otras dos naciones. Mejores que las que estas dos naciones se procesan entre ellas.

Las relaciones de China con los Estados Unidos se están convirtiendo cada vez más en una carrera competitiva. La expansión del poder chino por el este, hacia el Pacífico, se ve obstaculizada por el sistema de alianzas vigentes liderado por Estados Unidos. El camino hacia el oeste, sin embargo, está libre de la interferencia de Estados Unidos y es terreno abonado para mejorar el acceso a los recursos de estas regiones y facilitar la presencia de los mercados chinos. Y, cómo no, para aumentar su influencia en Asia continental.

El centro de gravedad de Eurasia está cambiando. Y ese cambio tendrá un impacto significativo no sólo entre los vecinos de Rusia y China sino también en el sistema global que hoy conocemos. En este tercero y último artículo sobre las relaciones entre Rusia y China -aquí puede encontrar el primero y el segundo- vamos a analizar cómo podrían quedar las relaciones internacionales de consolidarse el apoyo y la cooperación entre ambas naciones.

Con Moscú ahora políticamente más cerca de Pekín que de Berlín, China se está convirtiendo en un jugador mucho más grande en toda Eurasia. Ahora se encuentra en una posición óptima para tener acceso a los recursos rusos, y extender su alcance e influencia a Europa, a través de Asia Central, así como a través de Rusia y el Ártico. China también se ha ganado la tranquilidad en su frontera norte y consolida su ascenso a la preeminencia continental.

Gracias al respaldo de China, Rusia puede respirar algo más tranquila ante el aislamiento propiciado por los Estados Unidos y sus aliados. Si Moscú gestiona la actual crisis -provocada por el triple efecto de la desaceleración económica, las sanciones de Occidente, y el colapso de los precios del petróleo- y realiza a cabo reformas estructurales y una estrategia de desarrollo económico, emergerá más fuerte que antes.

Rusia y sus relaciones con la Unión Europea

Este cambio coincide con el continuo retroceso de Estados Unidos en Afganistán y Oriente medio y su reciente cambio de estrategia en la costa de Asia, desde Japón a Singapur, en un intento de evitar la dominación de China en la región. Al mismo tiempo, los Estados Unidos están apuntalando la OTAN en Europa y empujando a sus aliados europeos a apoyar a Ucrania y otros estados de ex-influencia soviética. Así que podemos decir que el período de veinte años en el que los Estados Unidos han dominado el “gran tablero de ajedrez” en Eurasia ha terminado.

La Unión Europea se enfrenta a la perspectiva de perder a Rusia por un largo espacio de tiempo. La noción de la Unión Europea (UE) junto a Rusia, en una especie de asociación, o incluso una relación simbiótica, se desdibuja de un futuro previsible. Por contra, la UE y Rusia se están convirtiendo en competidores en una serie de ámbitos, desde la geopolítica hasta los sistemas de valores que defienden sus sociedades. Resultado de este alejamiento, la Unión Europea tiene que confiar aún más y apoyarse en los Estados Unidos y el mecanismo de la OTAN, apartando la idea de ganar una mayor autonomía respecto de su aliado transatlántico y convertirse en un actor estratégico en toda regla.

Rusia y sus relaciones con Japón

Japón, de la misma forma que Europa, ha perdido la opción de Rusia. Las esperanzas del primer ministro Abe de construir una fuerte relación con Rusia que ayudarían a equilibrar el crecimiento de China se han desvanecido después de la decisión de Tokio de sumarse a las sanciones lideradas por Estados Unidos contra Moscú.

En cambio, Japón tendrá que prepararse para un acercamiento más sólido entre Pekín y Moscú, y no hay que descartar una Rusia potencialmente más hostil hacia Japón, precisamente el escenario que Tokio quería evitar. Al igual que Europa, Japón tendrá que fortalecer su alianza militar y política con los Estados Unidos. En el caso de un enfrentamiento entre China y Japón sobre las islas Senkaku -conocidas como las Islas Diaoyu en China-, Rusia mantendrá su neutralidad formal. Pero en el futuro esta neutralidad puede inclinarse del lado de Pekín.

Las relaciones de Rusia y China con India

Para la India, la entente entre China y Rusia representa un tipo diferente de desafío. India busca mejorar sus oportunidades económicas, y la ampliación de los vínculos comerciales con China como elemento clave de esa estrategia. Al mismo tiempo, la India sigue adquiriendo armas de fabricación rusa y mantiene estrechos vínculos políticos con Rusia. Nueva Delhi no tiene ninguna razón para temer que Moscú pudiera convertirse en aliado chino en detrimento de sus intereses. Pero tampoco es cuestión de permanecer quietos. Una mayor cercanía entre los dos podría estimular Nueva Delhi a jugar un papel más activo, dentro de Asia, dentro de la la Organización de Cooperación de Shanghai (SCO), RIC (Rusia, India y China) y otros foros internacionales.

Las relaciones de Rusia y China en la península de Corea

En la península de Corea, China y Rusia continuarán trabajando en paralelo, pero no al mismo ritmo. La idea, pretendida por algunos dentro del Ejército Popular de Liberación chino, de establecer un triángulo norte compuesto por China, Rusia y Corea del Norte en oposición al triángulo sur formado por los Estados Unidos, Japón y Corea del Sur, no es una prioridad de Rusia. Al igual que Pekín, Moscú perseguirá sus propios intereses que no chocan con los chinos pero tampoco se superponen. De todas formas, China y Rusia podrían coordinar sus políticas en beneficio de los intereses chinos que, en la zona, son mayores que los rusos.

Mientras tanto, Moscú ha apoyado la posición de Pekín sobre Taiwán, incluso durante la larga ruptura chino-soviética. Las relaciones actuales de Taipei con Moscú son estrictamente apolíticas. Después de la incorporación de Rusia de Crimea en 2014, y en el espíritu de la entente entre China y Rusia, Moscú podría apoyar casi cualquier medida que Pekín pudiera adoptar en el futuro respecto a Taiwán.

En el Mar del Sur de China, el impacto de la nueva entente ruso-china, tendrá los menores efectos. Los países de la Association of Southeast Asian Nations – ASEAN representan la tercera área importante de comercio de Rusia en Asia, después de China y la India. Moscú no abandonará a Vietnam, su aliado de la Guerra Fría y su puerta de entrada a la región. La neutralidad de Rusia en las disputas marítimas regionales probablemente será más estricta que en el caso de las Islas Diaoyu/ Senkaku. Rusia mostró su bandera y se dejó ver en los Mares del Sur en noviembre de 2014, cuando cuatro buques de la Armada rusa zarpó de Vladivostok hasta el Mar de Coral, durante la visita de Putin a la cumbre del G-20 en Australia.

En el interior de Asia -Afganistán, Mongolia, y los cinco estados post-soviéticos de Asia central- es probable que veamos un mayor impacto de la profundización de las relaciones entre China y Rusia. La Eurasian Economic Union -EEU (Unión Económica Euroasiática), tendrá que interactuar estrechamente con China en sus proyectos de desarrollo en la zona de la Ruta de la Seda (Silk Road Economic Belt).
La SCO, por su parte, puede proporcionar a esa “gran Asia” en ciernes, un marco de concertación política y armonización, desarrollo económico conjunto, apoyo financiero y la cooperación a nivel de seguridad. Rusia seguirá desempeñando un papel destacado en la SCO, pero es probable que comparta protagonismo –además de con China- con la India.

El cambio geopolítico en Eurasia afectará la estabilidad estratégica y remodelará el equilibrio estratégico mundial. Pero Rusia y China no va a construir una alianza militar, aunque cada uno se enfrenta Estados Unidos como un potencial adversario militar. El crecimiento de la capacidad nuclear de China se acerca ya, por ejemplo, a los niveles estadounidenses y rusos.

En las cuestiones de política internacional, China, con el apoyo de Rusia, probablemente comience a tomar la iniciativa de forma más activa y no sólo para oponerse a los Estados Unidos. Pekín y Moscú buscarán ofrecer una alternativa a los actuales sistemas occidentales que rigen las finanzas globales, los sistemas de seguridad regional, y la libertad en Internet. También es probable que unan fuerzas, posiblemente con otros países BRICS, para construir una red global de medios de comunicación que competiría con los medios occidentales con el objetivo de influir en la opinión pública mundial.

Desafiando el Orden establecido de Estado Unidos para el mundo desde Rusia y China

Durante las décadas de su confrontación en el siglo XX, China y Rusia atravesaron relaciones tumultuosas que pasaron de los desencuentros a la nula relación. Ahora, ambos países, están hombro con hombro –que no en igualdad de condiciones- para desafiar el orden establecido, liderado por EE.UU. Una relación que podría describirse como una entente, una asociación armoniosa de dos grandes potencias con similitudes en intereses fundamentales –como el resentimiento mutuo a la potencia hegemónica mundial, es decir, los Estados Unidos- que se traducen en una mayor coordinación en política exterior y de seguridad, aderezado por un alto grado de empatía entre sus actuales líderes.

Dentro de esta nueva relación más estrecha, Moscú insistirá en su condición de co-iguales, y Pekín haría bien en aceptarlo. China y Rusia no formarán un bloque para oponerse a Occidente militarmente ni pretender implantar una ideología que sustituya a la democracia liberal occidental.  

Más bien, tanto rusos como chinos sienten que esta unión es una forma de resistencia ante la presión de Occidente –que hoy afecta a Rusia pero que mañana podría ir dirigida contra China- que además facilita el intercambio de recursos y favorece la competitividad frente a Occidente, que es el principal interés de China.



Fuente original: http://carnegie.ru/publications/?fa=59728# 

Fuentes:

https://www.oroyfinanzas.com/2015/08/bloque-politico-economico-rusia-europa-vuelco-china-1/

https://www.oroyfinanzas.com/2015/08/entente-ruso-chino-relacion-igualdad-condiciones/

https://www.oroyfinanzas.com/2015/08/implicaciones-futuras-relacion-entre-china-rusia-3/



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¿Está usted afirmado sobre la Roca de la Salvación? Jesucristo: Dios con nosotros, quien vino a morir por nuestros pecados y nuestra maldad; quien resucitó al tercer día y vuelve en breve según su inquebrantable promesa. Isaías 55:6 Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.Isa 55:7 Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

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